En nuestra historia las guerras más trágicas se han librado en zonas ajenas a nuestra realidad. Como resultado de ellas la población siente la necesidad de valorar la presencia de aquellos hombres cuya vocación de servir a su nación los convierte en los primeros en afrontar conflictos, un trabajo bastante lamentable y traumático en donde las decisiones tienen un matiz racional antes del emocional, lidiar con reacciones humanas difíciles de predecir , es una labor muy difícil de analizar y prejuzgar, pero allí están estos hombres uniformados, en el Perú muchos los consideran trabajadores remunerados por nuestros bolsillos y como tal tienen la obligación de protegernos, a su vez somos tan intolerantes y mezquinos para no reconocer una vocación íntegramente al servicio de la tranquilidad del país.
Es una realidad que la falta de consideración de la población peruana ante sus fuerzas policiales y militares se debe a la intransigencia, abuso y mal ejemplo de muchos de ellos quienes lucran con la necesidad de las personas, pero como en toda profesión , siempre habrá buenos y malos elementos, aun así no podemos desmerecer la naturaleza de su gestión al ser los primeros en dar la cara en momentos de conflicto , como lo hicieron nuestros héroes en toda nuestra historia y lo siguen haciendo constantemente , así como lo fueron nuestros defensores del terror ante quienes jamás les rendimos una consideración o una simple gratitud, por el contrario juzgamos sus acciones, sus actitudes , sin tener en cuenta lo fácil que es criticar en tiempos de paz olvidando la situación que les toco vivir en tiempo de guerra.
En los últimos años se ha desatado una tenaz persecución y maltrato a los miembros de nuestras fuerzas militares , juzgando, criticando, menospreciando su labor ante un enemigo interno que asolo nuestra nación por más de 10 años, exigimos una contienda justa, sin abuso , sin atentados contra los DDHH, obviando en forma totalmente injusta, la naturaleza cruel de toda contienda ya sea externa o subversiva , aquí los principios de DDHH quedan al margen , porque al declarase el estado de emergencia por cualquier conflicto es justamente porque el enemigo ha atentado contra estos sagrados preceptos cambiándolos por el terror y la sangre .
Ante esta injusticia es indispensable la unidad de todos nuestros defensores, en todas las ramas, para reivindicar la naturaleza heroica de su profesión, respaldándose unos a otros, exigiendo el reconocimiento de sus acciones así como en el campo de batalla o en el diario enfrentamiento para la seguridad ciudadana.
Es indispensable mantener el legado de acciones orgullo de nuestra patria, continuar con las iniciativas de consolidar la memoria y el recuerdo de todos los comandos en acción.
Así también el pueblo peruano a través de sus instituciones educativas promover una real conciencia patriótica que conlleve a valorar la dedicación de nuestros defensores y ser justos en sus apreciaciones, no olvidando las limitaciones de estos hombres ante ciertas leyes y principios jurídicos los cuales entorpecen su labor , por el contrario los perjudican, así como a todos nosotros.
Sean estas fiestas patrias un momento de reflexión para transformar nuestra conciencia haciéndonos más justos, comprendiendo el valor de nuestros defensores, sobre quienes su destino tiene a cada instante el enorme riesgo sobre su vida.
No caigamos en la ingratitud.
Sofía Flores
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